El pasado 2 de abril, en el marco del Día de la Concientización sobre el Autismo, la carrera de Educación Diferencial de la Facultad de Educación organizó una feria informativa en el frontis de la Facultad. La actividad estuvo orientada a generar espacios de sensibilización y aprendizaje sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA), promoviendo la aceptación y valoración de la neurodiversidad en el ámbito educativo.
La feria contó con la participación activa de estudiantes, quienes instalaron distintos stands interactivos con actividades lúdicas y educativas. Se llevaron a cabo trivias, exposiciones sobre estrategias pedagógicas inclusivas y una muestra de materiales didácticos diseñados para favorecer el aprendizaje de estudiantes autistas. Asimismo, los asistentes pudieron conocer de cerca las experiencias de quienes trabajan en la educación inclusiva y comprender la importancia de generar ajustes razonables en los entornos educativos.
Cada 2 de abril, esta conmemoración nos ha recordado la importancia de visibilizar a las personas autistas, sus derechos y sus necesidades. Sin embargo, hoy el llamado es otro: avanzar hacia la aceptación.
A nivel mundial, se estima que un 1% de la población ha sido diagnosticada con TEA. En Chile, aunque no existen cifras oficiales, un estudio realizado en dos comunas de la zona urbana de Santiago reveló que uno de cada 51 niños presenta este diagnóstico, con una proporción de cuatro niños por cada niña. Además, la edad promedio de detección en el país es de 4 años, mientras que en países desarrollados es de 3 años. Estos datos reflejan la creciente presencia de esta condición en nuestra sociedad y la necesidad de adaptar nuestros entornos educativos y sociales para incluir y valorar a las personas neurodivergentes.
La información está disponible. Las leyes existen. Las redes de apoyo se han consolidado. Hemos recorrido un largo camino de concientización, pero el siguiente paso requiere un cambio más profundo: el de nuestras creencias, nuestras percepciones y nuestra disposición a reconocer la neurodiversidad como un valor.
Aceptar la neurodiversidad implica reconocer que las personas autistas no necesitan ser «normalizadas» ni adaptadas a un modelo único de funcionamiento, sino que requieren espacios donde sus formas de pensar, sentir y aprender sean legítimas. Desde la academia, este desafío se traduce en realizar ajustes razonables, diseñar entornos accesibles y valorar que los espacios educativos sean habitados por personas neurotípicas y neurodivergentes en igualdad de condiciones.
Humberto Maturana nos recordaba la importancia de reconocer al otro como un legítimo otro. En este sentido, la aceptación no es un acto de caridad ni de tolerancia, sino un compromiso con la diversidad humana. Como docentes y futuros educadores, estamos llamados a dar un salto cualitativo hacia un paradigma donde la neurodiversidad no sea un obstáculo, sino una riqueza que transforme nuestras aulas y nuestras prácticas pedagógicas.
Hoy, la invitación es clara: dejemos atrás la etapa de concientización y avancemos hacia la construcción de comunidades educativas que realmente acepten, valoren y respeten todas las formas de ser y de estar en el mundo.